Por: Wilmar A. Velásquez López

Lleno de impotencia, rabia y decepción, vi por horas las imágenes en las que centenares de personas saquearon Supermercados y tiendas de electrodomésticos, en hechos que estuvieron totalmente aislados de cualquier manifestación; de aquellas que por estos días se desarrollan en contra no solo de una reforma tributaria que ya cayó, sino de muchas razones de fondo que hoy vive este país, y que ha provocado un quiebre social.  

Lamentablemente las marchas en Ciénaga fueron tomadas como un pretexto o una distracción para ROBAR, por parte de aquellos que, sin conocimiento, sin ley ni orden pasaron de ser vándalos a ser LADRONES, porque esto no tiene otro nombre. Aprovechados de la situación atravesaron la seguridad de las grandes industrias, pero también los locales de aquellos pequeños comerciantes, que con el esfuerzo de años construyeron su futuro y el de sus familias.

La transmisión de algunos ciudadanos, que ejercían el papel de reporteros eran seguidas por miles de personas, que a la distancia rechazaban y cuestionaban este lamentable hecho, que estoy seguro dejó a este municipio como una vergüenza nacional e igualado con otras ciudades del país, en las que hemos visto hechos similares.

La fuerza de reacción de las autoridades se quedó corta y no alcanzó para evitar que los bandoleros ingresaran a los distintos almacenes y salieran hacia sus casas llevándose hasta el último bombillo de la tienda a la que entraban.

¿Señalar? No se puede, ¿Estigmatizar? Mucho menos, pero en manos de las autoridades estará determinar, quienes fueron los artífices de un hecho que pareció a ciencia cierta premeditado. No se puede convivir de esta manera, no son acciones sociales validas, no son conductas aplaudibles, son denunciables, y eso es precisamente lo que deben hacer los ciudadanos de bien.

Luego de los hechos hay mucho que analizar, desde el gobierno y desde la fuerza policiva, es inadmisible que en un municipio que tiene alrededor de 125 mil habitantes y más de 17 ciudadanos venezolanos, las unidades de policía están tan cortas y se puedan ejercer este tipo de acciones sin piedad, sin embargo, a todo esto, hay que anotarle que las protestas en limitado el pie de fuerza en todos los municipios.

Se pasearon los delincuentes por las narices de todos, ante la mirada impotente de quienes desde sus casas veían los desmanes de una horrible noche, alejada de la realidad y como sacada de una película de fin del mundo. Sencillamente no es de esta forma, los responsables y saqueadores tendrán que responder por sus actos, porque si para algo no hay cabida en este hecho, es para impunidad.

Lo que no se puede pasar desapercibido fue el gran numero de niños presentes en estos actos, y será aquí donde definamos que el tema es cultural y que nace de la casa, de las familias que no brindan una formación integral y que inducen a sus hijos al camino equivocado. Así no se construye sociedad, y tampoco nos depara un buen futuro.  

Ahora la policía tendrá que entregar sus razones, pero adicional a esto tendrá que entregar resultados, porque es sencillamente lo que exige la gente de bien, y todos y cada uno de los comerciantes afectados reclama.

Si hay personas que no tienen responsabilidad en este suceso, son los jóvenes marchantes, ellos no tienen relación con los hechos, su marcha ni siquiera pasó por donde iniciaron los desmanes. Mi solidaridad con ellos, saben que mi persona también apoya esta causa de protesta justa y tranquila, por la reivindicación de los derechos.

A este momento las autoridades ya han recuperado un gran numero de elementos, pero no es suficiente, las perdidas fueron inmensas, y lo que hoy se recupera en un trabajo que debo aplaudir, no llega ni la mitad de lo hurtado, sin embargo, es algo.

Simplemente no fueron vándalos, fueron ladrones, personas sin escrúpulos, sin valores y delincuentes. Me duele, me duele esta tierra, me duele su gente, me duele lo que se vendrá. Una acción sin nombre, sin precedentes y que quedará marcado en todos aquellos que lo vivimos en medio de la zozobra y la impotencia.

¡Sinvergüenzas!

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